La música y mi vida.

En estos días de vacaciones veraniegas ocupé un tiempo de ocio en la noche buscando en Internet las canciones que me acompañaron en mi niñez. Todo comenzó hace unos 40 años cuando mi madre me regaló para mi cumpleaños una tocadiscos (hoy le llaman un “plato” de los que usan los DJ’s). Recuerdo que era de tapa blanca con la parte inferior de color naranja brillante. También incluyó en su regalo varios discos, de los que recuerdo “Cuando Cantan los Niños” (no recuerdo cuál volumen) y uno de un grupo que se llamaba “Los Pibes Latinos“. De este último recuerdo escuchar una y otra vez varias canciones en particular: El Twist de los Ositos, El Burrito (que casualmente fue la canción que cantamos en mi graduación de Kindergarden) y Vamos a Jugar. Las escuché tantas veces que hasta el día de hoy me acuerdo de las letras. En mi búsqueda, entré a Spotify y ¡sorpresa, está el disco de Los Pibes Latinos! Les confieso que al volver a escuchar esas canciones mi mente se llenó de coloridos y hermosos recuerdos de aquellos años de infancia. Esas canciones formaron la base de lo que se convirtió en parte de mi vida diaria, la música. En los 70’s me acompañó en las tardes y noches después de la escuela; cuando llegó la música disco conocí a los Bee Gees (Saturday Night Fever) y Abba (Chiquitita, Dancing Queen). En los 80’s conocí el rock de la época: Michael Jackson, Cindy Lauper, Rick Springfield, Madonna, Chicago, Boston, Kiss, Ozzy Osbourne, Judas Priest, Culture Club, Duran Duran, entre otros. Unos discos en particular me acompañaron en esos años de adolescencia, la serie “Llena Tu Cabeza de Rock” (en cassette). También descubrí el rock cristiano de la mano de Petra, Resurrection Band, Stryper, Amy Grant, Leslie Philips, Los Imperials, Daniel Band, Messiah Prophet y muchos más, gracias a un catálogo de música por correo, Long’s Christian Music. En los momentos de alegría, tristeza, preocupaciones y tensiones típicas de la adolescencia, ahí estuvieron los amigos invisibles acompañándome en cada una de sus canciones. Llegaron los 90’s y los discos y cassettes pasaron a la historia, ocupando su lugar los CD’s y las colecciones nostálgicas de la música de las décadas pasadas, ahora en formato digital. En el nuevo milenio me convertí en padre y la canté a mis hijos las canciones que escuchaba en aquella tocadiscos y algunas del rock de mis años de escuela superior. Mis hijos aman la música y no es casualidad; me emociona ver a mi hija cantando las canciones de las películas de Disney y cuando salimos, el R&B que escucha mi hijo ocupa el espacio auditivo en el auto. Hoy sigo escuchando la misma música cuando voy camino al trabajo, cuando hago las tareas en  mi casa, cuando estoy en mi oficina y hasta cuando estoy preparando mis cursos universitarios con la misma emoción que cuando lo hacía frente al tocadiscos. ¿La diferencia? Hoy hago streaming desde el celular y utilizo una bocina blue-tooth; la pasión por la música sigue intacta.

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