La fragilidad de nuestro sistema eléctrico afecta el acceso y desarrollo tecnológico local.

Tenemos Internet de banda ancha, teléfonos inteligentes, tabletas y computadoras. En muchos hogares hay más de un servicio de Internet, sin contar con el Internet móvil. Si embargo, bastó que una tormenta nos rozara, soplaran algunas ráfagas y cayera alguna lluvia para que de repente…¡boom!, nos quedáramos a oscuras. Pero  eso no fue todo, ausencia de energía eléctrica significa modems apagados, equipos móviles que no se pueden cargar y, al parecer, hasta los proveedores se afectaron porque después de la tormenta las conexiones a algunos de éstos han estado recordándonos los tiempos del “dial-up”. Irónicamente la tecnología se mantuvo operando fue nada más y nada menos que la radio, a la que muchos tuvimos que volver a recurrir para mantenernos informados. Lo más grave de todo esto es que todavía en la isla hay una gran cantidad de sectores sin el servicio de energía eléctrica, ¿por qué?. Sin echar culpas a nadie en particular, hay una realidad que no podemos ocultar: Nuestro sistema de energía eléctrica está obsoleto. Vivimos en una isla que se encuentra en el medio de la ruta de los fenómenos atmosféricos que salen de África y nuestro sistema eléctrico es básicamente aéreo. Basta con mirar los postes para preocuparnos: Postes de madera que parecen un réplica de la Torre de Pisa; enredaderas, plantas de bamboo, ramas de árboles y toda suerte de vegetación cubriendo transformadores y líneas a la espera de que una brisa de elevar cometas provoque la chispa que nos dejará sin servicio. Dé un paseo por cualquier carretera rural y será testigo de esto (sin mencionar la interesante variedad de objetos que cuelgan del tendido eléctrico). Esta situación está estrechamente ligada a nuestro acceso a la tecnología, obviamente porque todo funciona con electricidad o baterías que requieren recargarse. ¿De qué valen las cientos de páginas web relacionadas a fenómenos meteorológicos, las redes sociales, las páginas de noticias, si tengo en mis manos un celular inteligente que no puedo recargar? ¿O un ISP que no puede ofrecer su servicio porque carecen de energía eléctrica para funcionar? No es la primera vez que esto ocurre (¿recuerdan el huracán Georges?),  pero la tormenta Erika volvió a demostrar, quizá con más urgencia porque solamente nos rozó, que hay que repensar la infraestructura de nuestro sistema de energía eléctrica y que estamos pasados de tiempo de abrir las puertas a la competencia. Nuestro progreso tecnológico en todas las áreas, en especial en las telecomunicaciones, así como el acceso al mismo, dependen en gran manera de que ocurran esos cambios. Para muestra, un botón: ¿Qué hubiese ocurrido si nunca hubieran entrado al mercado de las telecomunicaciones otras compañías a competir con la que era la única compañía de telefonía local? Piénselo y llegue  sus conclusiones.

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